VIH- Un Llamado a la Acción

General November 16, 2008

Aunque no lo hemos reconocido siempre, hoy reconocemos que el Cuerpo de Cristo, Su Iglesia, está viviendo con el VIH. Quebrantados, reconocemos que como cristianos evangélicos hemos permitido que el estigma y la discriminación caractericen nuestras relaciones con las personas que viven con el VIH. Nos arrepentimos de estas actitudes pecaminosas y nos comprometemos a asegurarnos que sean cambiadas. Seguiremos el ejemplo de Jesús al identificarnos con aquellos quienes son afectados (Mateo 9:12-13), intercediendo fervorosamente el uno para con el otro (Romanos 8:26).

Reconocemos que en la medida en que la generación actual de jóvenes de nuestras iglesias pasan a ser adultos e iniciar sus vidas sexuales, no siempre hemos previsto un marco claro y bíblico para la sexualidad humana y para el desarrollo de las importantes habilidades de la vida. Somos conscientes que hemos sido insensibles a la incapacidad de las mujeres, niños, y los más marginados para ejercer decisiones reales, y que en muchas partes del mundo el matrimonio y la violencia basada en el género son factores de riesgo para la transmisión del VIH. Pedimos disculpas por esta falla, y resolvemos demostrar y enseñar el valor esencial de la sexualidad humana dentro de los marcos de estilos de vida que honran a Dios. Nos comprometemos a escuchar comprensivamente a nuestros niños y niñas, jóvenes, mujeres y los más marginados – especialmente a personas viviendo con el VIH – con el fin de poder trabajar juntos por un futuro sano y seguro, que nos permitirá vivir la vida en abundancia que Jesús prometió (Juan 10:10).

La pandemia del VIH nos ha recordado que la salud de toda comunidad está conectado con la salud del más vulnerable y marginado en nuestras sociedades. Como líderes nos comprometemos a prepararnos, tanto a nosotros como a nuestras congregaciones, para seguir los pasos de Jesús. Dado que nos corresponde el ministerio de la reconciliación (2 Corintios 5:18-19) procuraremos vivir una fe encarnacional al trabajar en asociación con los más marginados y vulnerables frente a la infección del VIH.

Como comunidad de cristianos evangélicos, creemos que toda persona, sin importar credo, identidad, género, etnicidad o salud, es creada a imagen de Dios (Génesis 1:27). Así que un elemento central de nuestra identidas es que damos testimonio del amor de Dios para toda persona en palabra y hecho, en privado y en público. Por lo tanto resolvemos fortalecer nuestra reflexión teológica y acción práctica en nuestra defensa, respeto por la vida y justicia con dignidad para toda persona. Reconocemos que esta decisión nos desafiará profundamente en nuestro fuerte deseo de ser personas santas y agradables a Dios (1 Pedro 1:15-16; Mateo 5:8). Reafirmamos que todos vivimos en y por la gracia de Dios (Efesios 2:8-9; Romanos 5:1-2) y por el amor agape (1 Corintios 13:1-8).

Nos compromentemos a trabajar en colaboración con otros por la prevención del VIH para detener e invertir su propagación. Al hacer esto, entendemos que hay muchos catalizadores sociales que contribuyen a la transmisión de VIH y que ningún grupo u organización puede hacerlo todo. Por lo tanto, trabajaremos juntos con otros sectores de la sociedad para que toda persona pueda saber cómo protegerse de la infección y tener acceso a los servicios necesarios para realizarlo.

Nos comprometemos a hacer nuestra parte, en relaciones solidarias – a nivel individual como también colectivamente– trabajando para mitigar el impacto del VIH en individuos, familias y comunidades, e incidiendo para que se provean servicios integrales del VIH, tanto para la prevención, tratamiento, atención y apoyo. Trabajaremos hacia el acceso universal a esos servicios para las personas con VIH, a fin de que lleguen a ser menos vulnerables y tengan la posibilidad de aportar significativamente en la Iglesia y sociedad.

Nos comprometemos a desarrollar una estrategia integral del VIH en colaboración con nuestras redes de miembros, personas viviendo con VIH y otros asociados.

Como una comunidad de cristianos evangélicos con expresiones tanto a nivel global, nacional y local, fomentaremos vínculos entre las diversas partes del cuerpo de Cristo. Lucharemos por la solidaridad práctica y entrega sacrificial de parte nuestra como cristianos – entre personas, entre congregaciones, entre denominaciones, y entre paises – para que Cristo sea exaltado, el Padre glorificado y hombres y mujeres traidos a la gracia salvadora a través del poder revolucionario del Evangelio que predicamos (Romanos 3:23-24; 6:23; Efesios 5:8; Colosenses 1:13).